Rolando Chateauneuf. Socio de Conadecus

Me ha motivado escribir sobre este tema una carta enviada al Diario El Mercurio por el destacado médico Fernando Vio del Río, académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile, INTA, quien además fue Director de este Instituto.

La carta tuvo el mérito de ser publicada por este matutino, lo que no es fácil lograrlo. Lo fue recientemente, el 17 de marzo de 2017.

En ella analiza el doctor Vio de quién es la responsabilidad del fracaso en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad. Señala textualmente: Claramente, el responsable ha sido el Estado, que durante más de 30 años no ha tenido una política clara, global, consistente, con financiamiento sostenido en el tiempo, apoyada por profesionales y técnicos, con indicadores que se pueden ir evaluando mes a mes, como sucedió en el caso de la desnutrición.

A mi juicio el tema es muy importante y merece más análisis. Lo que ha sucedido tendría una muy compleja causal.

Tengo muchas inquietudes por estas materias y otras relacionadas con distintos aspectos de la salud pública actual chilena. Por ello mi intención es publicar en mi página web varios artículos.

Presento a continuación la carta en su texto completo. Se titula:

Los niñitos obesos

 Señor Director:

 Mentessana plantea el miércoles 15 de marzo el tema del sobrepeso y obesidad que afecta a nuestros niños, y se pregunta “¿a quién culpar?”, acotando que “en este obeso tema haya más de un pez gordo involucrado”, dejando la respuesta en la relatividad, sin precisar quiénes serían los responsables. Una respuesta fácil sería decir que se trata de un problema complejo del cual todos somos responsables; o sea, la sociedad en su conjunto. Pero esta respuesta nos deja en el relativismo de Mentessana, y el problema seguirá aumentando.

 Claramente, el responsable ha sido el Estado, que durante más de 30 años no ha tenido una política clara, global, consistente, con financiamiento sostenido en el tiempo, apoyada por profesionales y técnicos, con indicadores que se pueden ir evaluando mes a mes, como sucedió en el caso de la desnutrición. Mientras no exista esa política de Estado, todos somos responsables del aumento explosivo del sobrepeso y obesidad, que está llegando al 60% de nuestros niños y que si no se enfrenta adecuadamente, llevará al país a una situación de carga de enfermedad insostenible.

 Bien por Mentessana al plantear el problema y mal por los chilenos que no hemos sabido enfrentarlo.

 Dr. Fernando Vio del Río

Profesor titular Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, Universidad de Chile

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Nuevamente salen publicaciones sobre la negativa evolución del sobrepeso y la obesidad en Chile. Quizás muy preocupante sea lo que se observa en los niños.

Sin duda que el tema es de relevancia.

Qué nos pasa en Chile con la Salud Pública. Es conveniente analizarlo; porqué después de haber tenido tantos éxitos en el pasado en la lucha contra la desnutrición, hoy día se observe y comente que el país ha fracasado en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad.

Sin duda naturalmente la desnutrición se proyecta sobre la sociedad en forma muy diferente como problema frente al sobrepeso y la obesidad.

Fue tremendamente positivo cómo llegamos en Chile a superar la gravísima desnutrición infantil que tuvimos en el pasado. Nuestro país fue considerado como un ejemplo de una política de salud extraordinaria. Cabe tratar de analizar por qué fuimos exitosos en ello y por qué hemos fracasado en el problema que se agrava el del sobrepeso y la obesidad.

Posiblemente un gran factor fue la existencia de tan destacados salubristas que tuvimos en el pasado en el país y la importancia que llegó a tener la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, formadora de muchos profesionales chilenos y extranjeros, especialmente de América Latina.

Otro factor importante posiblemente fue el realista estudio de sus causas y que a raíz de sus análisis surgieron esas acertadas medidas de políticas establecidas, paralelamente con la presencia de distinguidos profesionales con visión de estadistas que actuaron en estos terrenos. Uno de los aspectos importantes fue el saneamiento ambiental y la mayor disponibilidad de agua potable.

Relevante fue la creación del Servicio Nacional de Salud(SNS). Logró en 1952 aprobar su ley constitutiva ese gran médico Jorge Mardones Restat desde su cargo sólo por dos años de Ministro de Salud, durante el gobierno de Gabriel González Videla.

El proyecto demoró 12 años en llegar a ser ley; cabe destacar que su aprobación contó con la unanimidad del Parlamento.

Debe recordar además en forma especial la labor de ese otro gran médico de la Salud Pública chilena, Francisco Mardones Restat, hermano del antes nombrado.

En 1952 asumió la jefatura del Departamento de Fomento de la Salud, del recién creado Servicio Nacional de Salud (SNS). En este trabajo tuvo la oportunidad de impulsar proyectos legislativos de gran trascendencia en el área de protección social de madres y niños. Entre estas iniciativas es interesante destacar la expansión del financiamiento de la leche con el 5% de asignación familiar (1957); la extensión de la asignación familiar obrera al período prenatal (1956); la prolongación del reposo maternal posnatal de 1,5 a 3 meses, para permitir el cuidado directo del hijo por su madre y facilitar la lactancia materna. También fue un impulsor del Programa Nacional de Alimentación Complementaria, que aún permanece vigente.

Entre 1959 y 1961, ejerció como director del hospital de niños Manuel Arriarán.

Más tarde se incorporó a la Organización Panamericana de la Salud(OPS) como asesor en Salud Materno Infantil para el Cono Sur con sede en Buenos Aires, Argentina, continuando como Representante de OPS/OMS en Uruguay entre 1962 y 1964.

Durante este periodo, fue invitado por el presidente Eduardo Frei Montalva para regresar a Chile y asumir como Director General del SNS, cargo que ejerció entre 1965 y 1967. Durante su gestión logró obtener una remuneración para los alumnos de las Facultades de Medicina durante el internado con exigencia de dedicación exclusiva, en 1966, e impulsó la creación de una veintena de escuelas de Enfermería y de Obstetricia, con el fin de garantizar la atención profesional del parto y bajar significativamente las tasas de mortalidad materna y perinatal. También obtuvo los recursos necesarios del Ministerio de Hacienda para realizar la mayor expansión histórica de la atención materno-infantil, lográndose en pocos años la cobertura casi universal de los programas de atención profesional del parto y del recién nacido, de inmunizaciones, entrega de leche y de control de salud.

Posteriormente se reincorpora a la OPS hasta su jubilación, después de la cual se integra a la Universidad de Chile y en particular al INTA.

Recuerdo lo que en el INTA nos decía este gran profesor, Francisco Mardones Restat: lo que costó lograr que al SNS, a sus postas y consultorios, llegara la población; lo mucho que ayudó para ello fue la incorporación al servicio de la auxiliar de enfermería, que estaba mucho más cerca de la base poblacional que el profesional de la salud. Fue un puente social muy importante.

Desde el INTA logró que el Registro Civil registrara en la inscripción del recién nacido su peso al nacer, que es una importante información para cuantificar oportunamente la evolución de la desnutrición.

Lo que ha sido muy positivo para la salud pública chilena es el Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC), que permitió robustecer en nuestro país la salud preventiva muy asociada al control del niño sano, a la embarazada y a la madre lactante.

Debe destacarse también al doctor Salvador Allende, que reforzó los programas de alimentación para los niños.

Otro destacado médico en la lucha contra la desnutrición ha sido Fernando Monckeberg Barros. Fue el creador del INTA. Él supo lograr un importante apoyo político y social para enfrentar la desnutrición.

Llegó a lograr en la primera mitad de la década de los 70, integrar los trabajos y las intervenciones de tres grandes ejes. La Universidad de Chile especialmente a través del INTA donde él era su Director; el Gobierno con la creación del Consejo Nacional para la Alimentación y Nutrición (CONPAN), organismo interministerial que implementaría y controlaría estas acciones y cuyo secretario ejecutivo fue el mismo Fernando Monckeberg, y la Corporación para la Nutrición Infantil (CONIN), organización privada basada su colaboración especialmente en el voluntariado femenino; en CONIN él fue su cabeza principal.

Se estableció en ella un programa de recuperación de niños con desnutrición avanzada, especialmente la de tercer grado donde se generaba una alta mortalidad infantil. El niño desnutrido en ese grado es realmente un moribundo, que pudo sobrevivir gracia a ese enorme espíritu de solidaridad que logró generarse, representado principalmente por un considerable número de voluntarias. A ese programa el Estado le dio un importante aporte financiero.

La desnutrición avanzada generaba compasión, motivaba la lucha mancomunada contra ella. Desgraciadamente eso no se da frente al sobrepeso y a la obesidad.

Fue así como esa acción conjunta, coordinada y planificada, logró rápidamente reducir la mortalidad infantil. Ya se había conseguido importantes avances; de una mortalidad infantil del orden del 200 por mil, 2 de cada 10 niños nacido vivos morían en primer año, por allá de comienzos de los años 50 hasta el inicio de los 60. Ya en 1973 se llegaba a una mortalidad de 63 por mil nacidos vivos y termina lográndose una tasa del orden de sólo 7 por mil, colocando al país en el puesto más bajo en la lista de países con desnutrición en Latinoamérica. Su tasa de mortalidad infantil tan baja no guardaba relación con los ingresos nacionales per cápita.

En mi opinión fue muy importante en todo esto la formación de los médicos en Chile.

Una fuerte selección para entrar en la carrera y la gratuidad de la educación; las vacantes eran limitadas con relación a los postulantes, por ello sólo podían ingresar a los que tenían mejores calificaciones.

Considero que el profesional formado en la universidad gratuita, crea un compromiso con la sociedad que lo ayudó a formarse. En medicina es muy importante la formación del especialista; ésta se basaba principalmente en que el médico recién recibido debía trabajar varios años como médico general de zona, para así ganar el derecho a seguir gratuitamente la especialidad e incluso recibiendo remuneración.

Papel fundamental era el hospital universitario con un adecuado financiamiento para la formación de médico general y posteriormente para seguir la especialidad. Allí debían atenderse las mayores complejidades, no sólo para superarlas sino que también para la investigación y la docencia.

Recuerdo que el Presidente Allende motivó una fuerte ampliación de las vacantes para la carrera de medicina, después les fue muy difícil ejercer para muchos de los recibidos.

Eran tiempos en que el gran empleador inicial, casi el único, era el sector público. Hubo que crear urgentemente nuevas vacantes para absorber a esos nuevos profesionales y permitirle así ejercer.

Es increíble como han cambiado los tiempos.

La municipalización de la salud ha motivado cambios importantes. Dejó en cierto modo marginado del sector salud a parte de sus responsabilidades y aisló del hospital al profesional de la posta o del consultorio, contacto tan importante para mantenerse actualizado en su formación.

Hoy vemos que en el servicio municipal se tiene una amplia presencia de médicos extranjeros, que si no fuera por ellos, los déficit de atención serían considerablemente mayores.

Reitero mi opinión que el sobrepeso y la obesidad no generan ese tipo de motivación; pero originan sin duda un daño crónico que se perpetúa en la vida, contribuyendo a distintos males y entre otros favoreciendo la presencia de los cánceres.

 Confirmo mi intención de escribir varios artículos más, en los cuales plantearé varias inquietudes sobre la salud pública del Chile actual.

 

Fuente: Conadecus

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